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¿Por qué a mí­­? Si, es lo común, es la primera pregunta que se hace una madre o un padre cuando diagnostican a su bebé con síndrome de down, cuando todavía no entienden por qué estas cosas les pasan a ellos.

Pero esa profunda tristeza que les produce observar cada día sus limitaciones, su lucha diaria, desaparece cuando, ante su primera sonrisa, lo que experimentan es una oleada de satisfacción y felicidad, de amor, de verdadero amor.

Un cromosoma que cambia sus vidas, sus perspectivas del amor verdadero, de la entrega, de la verdad, del agradecimiento, de la felicidad. El Síndrome de Down abre la mente a esos padres que en principio veían todo negro, y les hace capaces de mirar con el corazón y no con los ojos.

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No son enfermos, no son especiales, ni tienen capacidades diferentes. No más que cualquier persona. Son bebés con síndrome de Down que tienen sus virtudes y sus defectos, como todos los tenemos. Son niños y niñas que tejen sueños, aceptan desafíos, intentan superarse. En muchas ocasiones son conscientes de sus limitaciones por lo que pueden frustrarse, enfadarse, llorar, reir, amar, como cualquiera lo haríamos.

Son un grupo selecto de personas sin inhibiciones. Y de esto se trata, de entender que las personas no tienen techo y que tenemos que tratar de comprender que en las diferencias está el complemento perfecto.

Los bebés con síndrome de Down se desarrollan de manera muy parecida a la de los demás niños, pero lo hacen más lentamente y con algunas diferencias.

Hoy en día, y gracias a los avances en investigación, hemos aprendido mucho sobre algunas de las razones por las que su avance es más lento y algunos de los factores que influyen en su progreso.

Este nuevo conocimiento está ayudando a los padres, a los terapeutas y a los educadores a ofrecer ambientes y oportunidades de aprendizaje más favorables para estos niños, de modo que puedan alcanzar su pleno potencial y consigan tener unas vidas felices y plenas dentro de sus comunidades.

Durante los primeros meses de vida, el cerebro de cualquier bebé tiene un ritmo frenético: en él se están formando las conexiones entre neuronas, que a su vez determinarán muchas de las habilidades y capacidades que tendrá el niño cuando sea adulto. De ahí la importancia de reforzar este aprendizaje con ejercicios de estimulación, que cobran especial importancia cuando hablamos de un bebé que tiene síndrome de Down.

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Si ya es difícil pensar en dejar a nuestros hijos al cuidado de personas externas a la familia, más lo es si nuestro hijo o hija tiene síndrome de Down.

Nosotros podemos ayudarte con nuestras Salus. Te ofrecemos toda nuestra experiencia personalizada y adaptada a la situación. Ellas darán a tu bebé todo cuanto necesita, incluidos los mejores cuidados y el mayor de los cariños, estimulando su desarrollo para que llegue a la edad de escolarización como cualquier otro niño.

¿Y qué pasa cuando se escolarice?

Muchos padres se preguntan si es necesario reforzar en casa el trabajo que los profesionales de la escuela o terapeutas realizan con los niños con síndrome de Down. La respuesta es un SÍ rotundo: los expertos han comprobado que los aprendizajes que se realizan en el ámbito familiar y en el hogar son los más efectivos para el niño, ya que se producen de forma paralela al desarrollo emocional de nuestro hijo. Y ahí también nuestras Salus te ayudarán si lo deseas.

Realizar actividades de estimulación del bebé en casa es sencillo: no necesitas material caro o difícil de conseguir: basta con dedicarle tiempo, cariño, y paciencia.

La mayoría de los bebés que nacen hoy con síndrome de Down progresarán más y alcanzarán más que los nacidos en generaciones pasadas como resultado de nuestra mayor comprensión de sus necesidades. Y de eso somos conscientes en Miauxi Salus.

No estáis solos. Nuestras Salus si lo deseáis, estarán con vosotros.